Especial BBK LIVE: Arcade Fire y su serio entrenamiento en la Razzmatazz

Especial BBK LIVE: Arcade Fire y su serio entrenamiento en la Razzmatazz

Concierto de Champions de Arcade Fire

Jenesaispop

Mireia Pería 06/07/2016

Lo de Arcade Fire en el Razz tenía un aura tan brutal de evento único, que cuesta intentar diseccionarlo de manera mínimamente racional. La posibilidad de ver tan cerca, en una sala de aforo mediano, a una de las bandas definitorias de la última década era algo demasiado excitante. Además, el de anoche era su primer concierto en dos años. Pero lo intentaré.

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Algún día podré decir «yo también ESTUVE AHÍ»…

Empecemos por los contras. La principal pega del concierto fue el sonido, que no era bueno. Durante las primeras canciones los instrumentos no se acababan de discernir, todo sonaba como apelotonado y el micro de Win estaba bajo; lamentablemente, escuchaba mucho más al mozo que tenía detrás que al cantante titular. También -esto ya es más personal-, me fastidió un poco que cayeran de una tacada todos mis temas favoritos al inicio. Y para acabar, el show en sí, muy sobrio, ya que la parafernalia se la reservaban para el BBK. Aunque, realmente, ¿eso le importó a alguien? Pues la verdad es que no. Porque ahora vienen los pros: todo lo demás. Tiro de memoria y me cuesta recordar un concierto en que haya vivido una entrega tan absoluta por parte del público como el de anoche. Y en un ambiente bastante cómodo, sin apretujones.

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The Suburbs, una de esas obras maestras que pasaran a la historia

Arcade Fire iban acompañados de una banda interminable: vientos, dos percusionistas la mar de salados a pesar de que a ratos no se les escuchara, violines… y, para mí lo mejor, descubrir entre ellos a mi queridísimo Owen Pallett (qué guapo está, por cierto). Y el grupo nos devolvió, ampliado, todo el entusiasmo que desprendíamos. Enérgicos, pletóricos y entregados, no se notaron los dos años de parón. Win ejerció las veces de predicador en perpetuo arrebato místico, mientras su hermano Will, de fucsia (y con un aspecto cada vez más parecido al de Simon Le Bon), se pasó todo el concierto sobreactuadísimo, saltando de un teclado tras otro. Mientras, Régine pareció tomar un papel algo secundario.

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Y Règine pasó a un primer plano…

El concierto fue de hits (no hubo nuevo material), articulado en una primera mitad en torno a ‘The Suburbs’ y ‘Reflektor’ y una segunda en que dominaron ‘Neon Bible’ y ‘Funeral’, en unas versiones bastante fieles a las originales. Abrieron con ‘Ready to Start’, suficiente para enloquecernos, siguieron con ‘The Suburbs’, para mí la pieza mayor de su discografía, con Win al piano, alargándola de manera sentida. Régine, que hasta ese momento estaba parapetada tras la batería, desplegó su histrionismo y sus capacidades de gimnasta rítmica (¡esas cintas!) en ‘Sprawl II’. ‘Reflektor’ y ‘Afterlife’ sonaron bajas, lo que hizo esta última perdiera un poco de su carga emocional. Por suerte, a partir de ‘Keep the Car Running’ llegó cierta mejoría de sonido. Win se acercó varias veces al foso, cerquita de las primeras filas. Tanto, que le podían tocar… y él también podía palpar a su público y coger, con toda la delicadeza, el móvil de un muchacho que le estaba grabando durante ‘We Used to Wait’… para, acto seguido, arrojarlo en mitad de la sala.

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El mesías entregado por y para la causa

Nadie más volvió a sacar el móvil el resto de veces en que Win se acercó. Esto no fue impedimento para que la locura se desatara de manera enfervorizada en ‘No Cars Go’; el público coreando sus “ohhhh” como si no hubiera un mañana fue uno el momento más emocionantes que he vivido en un concierto en lo que llevamos de año. El fervor ya no decayó. De hecho, se volvió a disparar en un ‘Rebellion (Lise)’ en que les devolvimos esos “Lies! Lies!” multiplicado hasta el infinito. Will, en un momento de exaltación, cargado con un tambor, se encaramó a una de las torres del lateral, le robó una zapatilla a una chica sentada en el primer piso y empezó a aporrear el tambor con ella. Al menos, él sí tuvo la gentileza de devolvérsela a su propietaria. La cumbia electrónica de ‘Here Comes the Night Time’ nos trajo los cabezones, el confetti y el despiporre total. El ambiente no podía ser más alegre y festivo, pero aún lo mejoraron rematando con ‘Wake Up’ a los bises. Euforia, épica y felicidad desbordantes en el Razz. Histórico.

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Y llegó el éxtasis a la Razz

Artista: Arcade Fire

Canción: No Cars Go

Álbum: Neon Bible (2007)

 

 

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