Fondo de Armario. Game Day, Día de Partido. Por Carlos Ruf Osola.

Fondo de Armario. Game Day, Día de Partido. Por Carlos Ruf Osola.

 

 

 

@RufKalle

Señoras y Señores, en breves instantes procederemos a aterrizar en el Aeropuerto de Madrid-Barajas, rogamos se abrochen sus cinturones, pongan su asiento en posición vertical y su mesita plegada”

Con esta frase despertaba la mayoría de las ocasiones, siempre la misma frase, lo único que cambiaba era el nombre del aeropuerto.

Miraba a mis compañeros, algunos no habían escuchado el aviso y era la azafata quien les estaba avisando, yo mientras procedía a colocar en la cestita de delante los periódicos deportivos que había estado leyendo durante el vuelo.

As, El Mundo Deportivo, el Marca y ya mi clásica y eterna compañera de viaje, La Vanguardia, la cual nunca me faltaba,  al lado Jimmy seguía acompañando a Morfeo a golpe de Wu Tang Klan en sus Walkman, se podía escuchar perfectamente el ritmo y los fraseos de rap.

Así, de esta manera, comienza la rutina que precede a la batalla de mañana en el Pabellón de la Comunidad de Madrid, estamos en pleno play-off contra todo un Real Madrid, que lo está dando todo, rayando además a un gran nivel.

En mi cabeza aún pasan las jugadas de hace dos días, duelen los golpes y creo que aún no he dejado de defender a ese maldito alero yugoslavo que las mete hasta con el culo, qué ganitas le tengo, esa jugada no me la vuelve a hacer, os lo juro.

Tras la llegada al aeropuerto y recoger las bolsas, subimos al autobús que nos dejará delante del hotel.

Llegar a Madrid siempre es especial, todos tenemos amigos aquí que se apuntan a ir a verte y a saludarte tras el partido, esta ciudad  es especial.

Me encanta pasear por los pasillos de este pabellón y ver las inclinadas calles del velódromo que lo rodea, siempre pienso en la fuerza y la velocidad que tienen que realizar los ciclistas para mantenerse en pie.

Todo está perfecto, el carro de los balones preparados, me toca examinar las sensaciones que tengo, aquí se juega a gusto, agarrar un balón es como reencontrarse con una amante, sabes como agarrarla y acariciarla para que te responda bien.

Toca calentar, repasar jugadas y practicar esos concursos de tiros grupales que tanto gustan y motivan.

Ya está, de vuelta al bus, y lo de siempre, duchita y cena, mañana más y esperamos que mejor.

La mañana del día de partido suelen ser tranquilas, sabes perfectamente con quien te encontrarás primero, luego están a los que se les pega las sábanas de más, pero al fina, las miradas de todos, tanto madrugadores como dormilones antes de esos partidos son cómplices de un mismo silencioso “Vamos a ganar”.

A unos cuantos nos gusta dar una vuelta (o garbeo como se decía antes), por la ciudad, hay que aprovechar el viaje, así que toca perdernos por las calles de la ciudad, al menos yo tenía y sigo teniendo esa curiosidad de patear el asfalto de las ciudades  que he tenido la gran suerte de visitar.

El reloj que no falte, pues antes de comer tendremos la típica reunión de pizarra, repaso de jugadas del equipo contrario, hablar de las virtudes de los jugadores contrarios y la estrategia de aquel día, todo acompañado de su pizarra y su montaje de video.

Siempre me ha parecido interesante y curiosa esa manera matemática de desgranar al “enemigo” de esta forma fría en un juego tan intenso y rápido como el baloncesto y me preguntaba ahora mismo el equipo contrario debe estar haciendo exactamente lo mismo, pienso en lo qué que deben estar diciendo de mí, y si tendrán preparada alguna estrategia especial preparada para pararme, sinceramente creo que estarán diciendo :»Dejadlo solo que éste se defiende a sí mismo».

Si te giras a los lados alguna vez, se puede ver a algún jugador disimulando algún bostezo, será de aburrimiento.

En el tema de la comida, toca pasta y carne, acompañado de ensalada variada y una pieza de fruta, es el menú estándar durante los años de un deportista en un pre-partido, ello es tan habitual como previsible, bienvenidos a la rutina alimenticia del deportista.

Es el preámbulo hacia una siesta para relajar mente y cuerpo.

Siempre pensé que los partidos no empiezan con el salto inicial, si no cuando preparas la bolsa con tus botas y demás enseres, llegó un punto en el que el equipaje de equipo nunca lo llevabas tú, se llevaba en bolsas cuidadosamente preparadas , en las que iban la camiseta con todo el equipaje, calcetines incluidos.

Quince minutos antes de marchar tomé por costumbre tomar un cortado en el bar del hotel al que se unían compañeros en los que las conversaciones banales surgían con el ánimo de no tensar la cuerda, hay un momento en el que quieres ya jugar y romper la tensión de seis días de entrenos para darlo todo durante una hora y media que es lo que estás en la cancha.

¡Vamos al bus! , allí están los entrenadores, los cuales visten hermosos trajes a juego, con una amplia sonrisa de oreja a oreja, queriendo decir algo así como, «hoy ganaremos·, se empieza ya a sentir en típico hormigueo de estar ya a punto para salir a la pista.

Parece que hoy nos recibe mucha gente de la ciudad, se nota que nos tienen una especial  simpatía, al bajar siempre hay niños pidiendo autógrafos, pero saben que una vez acabado el partido tendremos más calma y menos tensión para hacerlo, aunque no todos lo entiendan así.

En los vestuarios hay una costumbre, cada uno tiene un sitio tácitamente suyo, los hay que se aferran a las esquinas como si quisiesen que nadie se sentara a sus lados o poder dominar desde allá la situación otros en medio, los americanos juntos para hablar y ser entendidos

Luego se establecen los turnos para pasar por el fisio (aún queda hora y media para el salto inicial), y el ruido de esparadrapos cortándose y pegándose y a cremas con olor a mentol fluyen por la estancia.

Mientras, los entrenadores van montando sus papeles gigantes cortados de la pizarra del hotel y pegándolos a la pared del vestuario con todas las instrucciones dadas para darle un último repaso.

Los primeros en cambiarse van saltando a la cancha para comprobar, siempre me hice la broma que las canastas estuvieran a la misma altura y los balones fueran de verdad redondos.

Ese un momento en el que si algunos rezaban para tener suerte ante la proximidad de la batalla, algunos jugadores sacan todo tipo de rituales y supersticiones para encomendarse a San Tablero o San Spalding y tener el don del acierto ese día.

Son tan curiosas las maneras de gestionar el autocontrol y la tranquilidad que no hay una normas claras. Incluso dentro de un mismo día de partido la confianza puede pasar por diversos estados de ánimo.

La ansiedad se ha de controlar, todos tenemos una tremendas ganas de hacer nuestro trabajo y enseñárselo al público, no sólo es darle una victoria a tu equipo, es también hacer disfrutar a la afición que ha pagado o al telespectador que está en sus casas.

Todo está a punto, nada puede ni debería de fallar,  vamos a reunirnos por última vez, ahí sabremos quién sale de inicio y qué quiere exactamente el entrenador de cada uno.

Alea Jacta Est, la Suerte Está Echada, próximo objetivo, volver a la ducha con el trabajo hecho, que no es otro que el de la victoria conseguida.

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