El talento no es suficiente

El talento no es suficiente

En el fútbol, tener calidad supone una ventaja para triunfar en la élite. Pero sólo con clase, habilidad o visión de juego no basta para moverse en un mundo tan competitivo, siempre tan dispuesto a construir ídolos como a destrozarlos

¿Por qué grandes talentos del fútbol se quedan por el camino o no cumplen con las elevadas expectativas creadas a su alrededor? ¿Por qué promesas que se tenían que comer el mundo no convencen del todo? ¿Por qué aquel jugador que maravillaba, con una técnica exquisita y con un físico portentoso no termina de funcionar? ¿Por qué, en cambio, chicos que no fueron ni de lejos los mejores de alevines e infantiles acumulan títulos y temporadas en la élite? ¿Por qué jugadores con menos condiciones se convierten en emblemas?

El mundo de la alta competición (y más en deportes de primer nivel) es muy complejo. Un mundo donde dos y dos muchas veces no suman cuatro y donde cada muchacho vive rodeado por un cúmulo de circunstancias que le pueden catapultar hacia la cima o empujar hacia el centro de la nada. El físico, la mentalidad, el entorno y la competencia directa dentro de sus equipos son algunas de las coordenadas que se combinan para que un diamante en bruto o se pula o no brille nunca como parecía.

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En los últimos quince años hay casos para todos los gustos. Casos como el de Gerard López, centrocampista de clase y de altura por el que el Barça pagó casi 24 millones de euros (casi 4.000 millones de pesetas) al Valencia para repescarlo y después fue a menos en su vida profesional. O casos como el de Carles Puyol, que estuvo a punto de ser cedido al Málaga y dar casi por pérdida su carrera en el Camp Nou, y ha terminado como capitán y como uno de los jugadores que más veces ha vestido la camiseta del club, cuando poca gente habría apostado por ello en sus inicios.

Albert Benaiges, responsable muchos años de la cantera del Barcelona y uno de los padres deportivos de Andrés Iniesta, analiza la cuestión de la siguiente manera: “El talento es una de las cosas más importantes para triunfar en la élite, pero no siempre se desarrolla igual en todas las etapas del jugador. Hay futbolistas que de pequeños son una maravilla y no llegan por una cuestión física o por culpa de sus entornos. Lo importante cuando se tiene talento es probar a ese jugador en categorías superiores en edad para ver si pueden dar el salto. Algunos se quedan porque no saben dar ese salto, porque no se desarrollan físicamente o lo hacen más tarde, porque no progresan para adaptar sus características a un nivel superior, porque caen en malas compañías, porque sufren la presión…”.

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Benaiges separaría estos chavales que se quedan, “de los que ha visto decenas y decenas” de futbolistas hechos y derechos como han sido De la Peña o Gerard. “Para mí los dos han triunfado, han sido jugadores de élite internacionales. Luego si han podido estar diez años o no en el Barça hay que tener en cuenta la competencia que han tenido. En el Barça esa competencia es muy cerrada. Por ejemplo si tú eres un mediapunta y coincides con un Messi ya puedes ir haciendo las maletas o si eres central y te toca la época de Puyol… Aunque es verdad que con Puyol hay que hacer una distinción muy especial. Ha mejorado mucho técnicamente pero él se quedó en la élite por su tenacidad. Otro tipo de talento”.

Para Oliver Martínez, psicólogo deportivo y director de Deportivamente (gabinete de psicología especializado en deporte), hay dos conceptos clave en los que hay que manejar la inteligencia emocional: el autoconocimiento y la capacidad de adaptación. Martínez fundamenta el éxito de Puyol precisamente en el autoconocimiento. “Es lo que te ayuda a explotar tus puntos fuertes, pero sobre todo a minimizar tus puntos débiles. Un ejemplo claro es el de Puyol; un jugador que no dispone de grandes recursos técnicos pero que sigue arriba gracias a su constancia y autodisciplina, y sobre todo a su capacidad de concentración que le ayuda a anticiparse siempre en el momento adecuado”.

Según expertos conocedores de la selva del fútbol, como Benaiges, sabedores de la cantidad de cribas que tienen que pasar los chavales, De la Peña, Gerard, Riquelme, Robinho, Saviola o Guti no han fracasado ni mucho menos. Pero es cierto que siempre se esperó de ellos un punto más del que la mayoría han dado. Tenían calidad de sobra para ser primeros espadas al más alto nivel durante muchas campañas, y sin que hubiera ningún pero que les acompañara.

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De la Peña era el crack que se venía venir desde abajo, Robinho aspiraba a ser un digno heredero de otros enormes brasileños de la historia y qué decir de Guti, 15 años en el Real Madrid, pero al que su ex presidente, Ramón Calderón, tildó de “eterna promesa”. Claro que al menos todos ellos se han ganado y muy bien la vida con el fútbol y han estado muchas temporadas en Primera. Otros todavía tienen que demostrarlo.

Como Víctor Vázquez, que en la generación de los Messi, Piqué o Cesc, rivalizaba con el argentino por ser la promesa más brillante de la cantera azulgrana. O como Jonathan Soriano, al que se veía como el mejor heredero de Raúl Tamudo en el Espanyol y fue dando tumbos hasta repuntar en segunda división con el Barcelona B.

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Vázquez, Messi y Cesc

En otros casos es un problema de adaptación, como subraya Oliver Martínez. “Ese es el motivo por el que grandes talentos como Robinho,Anelka o Ibrahimovic no han podido desplegar todo su potencial en un momento dado. Adaptarse significa conocer los códigos de un equipo y reajustar los tuyos para encajar eficientemente”.

Pep Marí, jefe del departamento de Psicología del CAR de Sant Cugat, desmenuza la cuestión de porque a veces el talento no es suficiente y porque, en algunos casos, no se exprime a fondo esta cualidad. Lo primero que afirma Marí es “que el talento no lo es todo”. Y pone como ejemplo un libro del periodista del The Washington Post Malcom McDowell que se titula Los fuera de serie. En esta obra se llega a la conclusión de que el éxito es la combinación de cuatro factores: el talento, el trabajo, la oportunidad y la herencia.

Por oportunidad se entiende estar en el lugar adecuado en el momento preciso. Y por herencia todo el bagaje físico y cultural que ha aprendido la persona por el solo hecho de ser hijo de quien es y haberse criado y educado de la manera que lo ha hecho. Marí hace hincapié en que “sólo el trabajo depende del propio individuo. El resto vienen dados. En otras palabras, llegar no depende sólo del deportista (por talentoso que sea) y no depende solamente del talento (juegan tres factores más)”.

El jefe del departamento de Psicología está de acuerdo con la siguiente afirmación del mítico entrenador de la NBA Phil Jackson: “El carácter es más importante que el talento”. “Estoy de acuerdo con él –incide Marí–. Sin un determinado carácter el talento no se podrá desarrollar. Hace falta que la persona persista en el esfuerzo, sea humilde, tenga autonomía, espíritu crítico y una fuerte dosis de paciencia. Todos estos ingredientes cocinarán el talento y permitirán que se manifieste en el momento más necesario”.

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Pep Mari

Otro aspecto fundamental que subraya Marí es el de los condicionantes psicológicos del rendimiento. Para él son cuatro. El primero, “poder aprender, es decir tener una forma de funcionar sana y un entorno inmediato que no interfieran en el rendimiento”. El segundo, “querer aprender, tener bien claros los objetivos que se persiguen y pagar todo el precio que valen, en cuanto a renuncias, sacrificios y esfuerzos”.

El tercero, “saber aprender, no buscar excusas para poder fallar, sino soluciones para poder acertar”. Y el cuarto, “saber demostrar todo lo aprendido, saber competir manteniendo la concentración y tolerando la presión de la competición”. “Por más talento que puedas tener sino reúnes estas condiciones nunca podrás llegar a tu límite”, compila el psicólogo del CAR.

Por último Marí, que ofrece un listado de pecados que no hay que cometer si no se quiere fracasar (mirar ilustración de la página anterior), está en desacuerdo con la frase típica de que lo difícil no es llegar sino mantenerse. “Esta afirmación es mentira, toda mentira. No existen las fases mantenimiento. Si no mejoras, empeoras. Lo que pasa es que empeoras tan lentamente que ni te das cuenta. De aquí la importancia del entorno. Tú no puedes ver que estás empeorando, a veces te lo han de hacer ver. Muchos de los talentosos no han llegado o no han llegado tan arriba como podían porque se han acomodado”.

Un acomodamiento que se podría evitar si el entrenador reúne algunas condiciones. “El papel de la motivación —concluye Oliver Martínez—es fundamental a la hora de conseguir estar en la élite. La motivación intrínseca, la que parte del propio futbolista, es el motor para conseguir mantenerse en la élite, pero un buen entrenador con dotes para reforzar positivamente a un jugador, como José Mourinho, Vicente del BosqueJosep Guardiola, puede ser decisivo para que un futbolista triunfe. Porque el talento no basta. El talento es el motor, pero sin la gasolina emocional los motores no arrancan”.

Tener un don es un privilegio, pero sin el esfuerzo no se pueden explotar a fondo sus beneficios.

19/08/2011. La Vanguardia.

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